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Septiembre ha llegado, y con él una nueva tanda de fotos de mi pequeño proyecto “10 Minutes Typo”. Estos son sólo algunos de los proyectos que tengo, ¡recuerda seguirme en Instagram para poder enterarte de todos!

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Siempre he sido un absoluto fan de la tipografía, o como yo mismo me acabo de inventar: #Typofans. No hablo de la caligrafía ni de la tipografía escrita, que es una de mis tareas pendientes, yo me refiero de un estilo más “industrial”. Soy muy fan de los carteles y los rótulos bien acabados, y sobretodo de las letras de los años 60,70 y 80; que siempre me han parecido una absoluta delicia.

Me ha fascinado como algunos verdaderos maestros en la materia, como Saul Bass (que ya ha aparecido aquí bastantes veces) pero en esta categoría me gusta muchísimo de ver a Rian Hughes, que considero una auténtica máquina. Me fascina mucho su forma de hacer letras, y ante todo, el hecho de que las empieza a mano. Por ello me decidí a empezar un pequeño proyecto llamado 10 Minutes Typo o 10 Minutes Project, en el que desde mi Instagram he ido creando en más o menos este tiempo una serie de carteles tipográfico usando mi mano como medio principal.

Si me seguís en Instagram podréis ver todos los días que he dedicado a este proyecto, pero aún así aquí os dejo una pequeña muestra.

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Bueno, pues por fin os puedo enseñar el trabajo del que más secretismo he tenido que guardar durante estos días (junto con la portada de Cotxera) Y uno con los que más he podido experimentar. Además ha sido el trabajo con el que he decidido evolucionar mi estilo un poco más. De nuevo, entro en la duda de si tengo un estilo o qué demonios tengo yo; pero este no es el tema.

Se trata de la portada para el libro de fiestas de la ciudad de Torrent, El granerer. El libro en cuestión contiene todas las fallas de ese año, sus representantes y las falleras mayores del pueblo. Sale todos los años por las fechas falleras y habla, como habréis adivinado, de fallas. Para los que os suene un poco a extraterrestre, el título de “El granerer” viene de la antigua profesión de hacedor de escobas. El granerer iba deambulando por los pueblos fabricando escobas con cañas y palmas; era un oficio que daba poco para comer, por lo que se hacía como una actividad complementaria. Los más recordados son los de Torrent, de ahí que exista en la ciudad una estatua en su honor, y de ahí también que la revista sobre el mundo fallero torrentino se llame así.

Siempre me he criado con esta revista -porque sí, he de admitirlo, me gustan las fallas- y tengo un buen recuerdo de todas (o la mayoría) de ellas. Así que podéis imaginaros el honor que me hizo que me encargaran la portada de este año: para hacer la portada suelen llamar a artistas o autores reconocidos del pueblo.

El requisito único pero principal era que tenía que salir sí o sí la figura de El granerer en portada, algo que me parecía, a priori, normal. Sin embargo sí que pude explayarme en cuanto a estilo e innovación, y pude jugar un poco con las texturas, los vectores y las letras.

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Quise darle el sabor añejo que debería enseñar una publicación nacida en 1973, así que me dirigí directamente a la fuente: la primera portada de El granerer. He querido darle una nueva visión a esta primera representación de El granerer, y lo he acercado a mi forma de verlo. Este año está dibujado con formas simples y naturales salvo en la mano, que era la principal herramienta del trabajador, que se ven finas y cuidadas. Además, esta misma mano es la que representa al fuego fallero, un must dentro de esta portada. La textura está centrada sobre todo en la trompeta que él usaba para anunciar que ya había llegado, imitando un poco al pregonero, aunque existen otras texturas secundarias dentro de la portada.

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Aún así, donde más me ha gustado trabajar ha sido en la tipografía. Las letras que forman las palabras “El granerer” están hechas manualmente y tienen un tratamiento muy especial. Si bien recordáis, el granerer hacía sus escobas con cañas y palmas (que recogía del pueblo El Palmar) y las montaba en su casa, para luego salir a venderlas. Me decidí a hacer el título de esta misma forma, con cañas. Me corté un pequeño trozo de la misma y lo redondeé como pude, lo mojé en tinta y me puse a escribir el título. Una vez escrito, lo pasé a ordenador y lo vectoricé. En el resultado final se pueden apreciar en las letras una textura especial: coloqué las letras escanedadas y encima las originales, en tinta. Muy poca gente apreciará este detalle tan mínimo, pero me ha gustado incluirlo en la portada y sobre todo volver a trabajar la caña con las manos, salvando las distancias, claro.

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Es un proyecto del que estoy muy contento, ya sea por su distribución mediática o por lo que significó para mí: el comienzo de una nueva forma de hacer las cosas. Vuelta a las manualidades y al lápiz y al papel y a mis primeros trabajos.