La tipografía es algo que siempre me ha gustado, y creo que fue algo clave para tomar la rama del diseño gráfico. Y aunque mi gran pasión es el lettering de los 60,70, 80 y en general de todo el estilo retro, hay algo en la caligrafía manuscrita que me puede. La culpa es de ese momento tú a tú con el papel. No hay ctrl+Z, no hay gomas que borren la tinta; tan sólo tienes más y más folios para intentarlo una y otra vez hasta que te salga aquello que buscas. Si la cagas, la has cagado. No hay vuelta atrás y no puedes repetir JUSTO ese movimiento que ha creado esa letra con ese trazo tan maravilloso, sino que tienes que intentarlo mil veces más.

El papel tiene ese algo que otras cosas no nos pueden dar, y es la inmediatez del momento. Tanto para escribir como para leer, el papel nos aporta algo especial. Incluso estoy seguro de que si la entrada del cine -cosa que amo, como ya sabéis- no la dieran en papel, si no dieran nada, mucha menos gente acudiría a las salas.

Pero en este caso, mi momento intento-de-calígrafo de la semana ha sido delante de mi televisor mi ordenador, viendo una de mis nuevas series a seguir: Vikings. Entre capítulo y capítulo me apetecía mucho ensuciar esa hoja de papel que está permanentemente debajo de mi teclado esperando ideas nuevas. Y aquí tenéis la prueba.

vikings

Ya sabéis que en mi cuenta de Instagram voy subiendo cosas interesantes, ¿no? Bueno, pues ahora ya lo sabéis. Así que para estar al corriente de mis cosas diarias sin ningún tipo de filtro social, ¡por favor sígueme!

Por cierto, en poco tiempo subiré mi experiencia en unos workshops que hice sobre tipografía. El primero de ellos fue hace algún tiempo de la mano de Xelo Garrigós y Jordi Sempere, donde aprendí muchísimo y me lo pasé aún mejor. En el segundo, más reciente, tuve la suerte de asistir a la clase de uno de los grandes de este mundo, el maestro Ricardo Rousselot.

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